Reflexión sobre la posición de las mujeres en el Derecho

Introducción

“[E]l macho es por naturaleza superior y la hembra inferior; uno gobierna y la otra es gobernada;” en La Política, Aristóteles estipula que este principio, “[es necesario y] se extiende a toda la humanidad.”[1] Pero ¿es su argumento biológico suficiente para determinar las capacidades de las mujeres? ¿son las mujeres hombres incompletos? Si bien sus textos influyeron en las diversas disciplinas, es imposible ignorar que la subordinación de la mujer fue un principio rector en su pensamiento. Por tanto, no es imposible afirmar que este argumento natural sobre la superioridad masculina fuera la principal narrativa en todas las disciplinas; ejemplo de ello: el derecho.

Una crítica feminista a la visión aristotélica de la mujer es que ésta era misógina, racista y justificaba un sistema desigual entre los sexos. Cristine de Pizan fue crítica de este modelo teórico y, en La Ciudad de las Damas, expresa que:

[…C]ausar cualquier daño o perjuicio a una parte con el fin de ayudar a otra no es justicia, e igualmente, atacar toda la conducta femenina (con el fin de advertir a los hombres que se alejen de las mujeres individuales que son engañosas) es contrario a la verdad, tal como te mostraré con un caso hipotético. Supongamos que lo hicieran con la intención de alejar a los necios de la necedad. Sería como si yo atacara el fuego—un elemento muy bueno y necesario, sin embargo—porque algunas personas se quemaron, o el agua porque alguien se ahogó. Lo mismo puede decirse de todas las cosas buenas, que pueden usarse bien o mal. Pero no hay que atacarlas si los tontos abusan de ellas[…][2]

Aunque la principal intención de la autora era esbozar una historia de la mujer, sus críticas en cuanto a la superioridad del hombre por naturaleza están inmersas en sus escritos. Pero Pizan fue una de tantas mujeres letradas que buscaban responder a una pregunta: ¿cómo construir una historia en donde las mujeres se encuentren? En La Ciudad de las Damas, los vastos ejemplos sobre mujeres ilustres e influyentes en las sociedades tienen dos funciones: exhibir la falta de representación de la mujer en la esfera pública y argumentar que las mujeres también son parte importante en la historia.

 

Falta de representación y, por lo tanto, de identificación femenina en el sistema jurídico mexicano.

Una vez entendida la visión aristotélica de la mujer –que indudablemente influyó todas las áreas del conocimiento y de la vida– vale la pena analizar el papel de la mujer en la enseñanza del Derecho moderno en México y, particularmente, en el CIDE. Para esto, vale la pena analizar el Derecho Civil por ser la rama más antigua del Derecho moderno que combina aspectos del Derecho Romano, el Derecho Francés, el Derecho Germánico y el Derecho Canónico.

Es posible afirmar que en el Derecho, pero sobre todo en el Derecho Civil, no ha habido una representación femenina. Prueba de ello es que, en las clases de la materia, los profesores (porque raramente hay docentes femeninas) se limitan a explicar las instituciones jurídicas sin atender al contexto del momento y, en especial, a la posición de la mujer. En otras palabras, explican las definiciones de las figuras jurídicas relevantes en el sistema jurídico moderno sin analizar la manera en que éstas excluían a la mujer de la vida pública y, aún peor, la consideraban propiedad del hombre. Preceptos basados en la concepción de la mujer como un ser incompleto sin capacidad de raciocinio y entendimiento con necesidad de ser administrado por una figura masculina racional.

Cabe destacar que la falta de análisis de esta situación actualmente provoca una falta de identificación de las mujeres con respecto al derecho y una invisibilización de los trabajos femeninos en la materia. Esto puede ser ilustrado con la falta de lecturas femeninas en los cursos e, incluso, en la redacción masculina de las normas. En términos de la historiadora Gerda Lerner, en La creación de la conciencia feminista, la mujer ha tenido una relación con la Historia diferente a la de los hombres porque ha sido sistemáticamente marginada con base en presunciones de género.[3] Esta falta de representación histórica provoca que la institucionalización de los derechos tuviera al hombre como figura dominante del orden social.

Además, el no contextualizar todas estas figuras jurídicas en un escenario en que la mujer no tenía acceso a la educación —y, por consiguiente, se encontraba imposibilitada para contribuir al desarrollo jurídico— perpetúa su marginalización. Esto porque invisibiliza la necesidad de dar a conocer los trabajos femeninos en la materia. Contribuciones que no sólo han tenido que superar las dificultades inherentes a la ciencia jurídica, sino los obstáculos sociales.

En términos de François Poulain de la Barre, los escritos femeninos eran en sí una declaración de su dignidad pues se les prohibía escribir con base en la falta de educación, la imposibilidad de ocupar cargos públicos y la creencia de que era su obligación guardar silencio.[4] Esta condición desventajosa en la sociedad, derivada de la concepción aristotélica, provoca que la mujer tenga un doble trabajo: primero, demostrar que es completamente capaz de razonar, comprender y contribuir intelectualmente (carga que no le es impuesta al hombre porque se presupone su racionalidad) y, segundo, enfrentarse con las dificultades de la materia en cuestión una vez justificada su capacidad. Por eso, es indispensable que sus trabajos —que con mucho esfuerzo salieron a la luz— sean analizados en las clases con los respetos que merecen.

Asimismo, es necesaria la visibilización de la contribución de las mujeres a lo largo de la historia porque la representación femenina en las diferentes áreas del conocimiento influye directamente en la percepción que tienen las mujeres sobre sí mismas.[5] En este sentido, si las mujeres no tienen un marco de referencia, entonces es más difícil que sigan aportando al desarrollo intelectual y salgan de su condición social desventajosa. Es precisamente por esto que Pizán propone la Ciudad de las Damas como una construcción teórica que fundamenta la educación de las mujeres para que alcancen su pleno desarrollo a través del conocimiento.

 

Conclusión

Como ya ha sido expuesto, el argumento aristotélico fue el principio de una connotación negativa hacia las mujeres y, también, la base para la construcción de un sistema patriarcal en donde las mujeres, por el sólo hecho de haber nacido mujeres, estaban en una posición inferior a la del hombre. Si bien durante la mayor parte de la historia imperó esta idea, no fue la única que existía y, mucho menos, se salvó de ser fuertemente criticada. Como anteriormente lo hemos visto, Pizán explica con ejemplos reales que las mujeres también pueden ser virtuosas y que su capacidad de aprender va más allá de su sexo biológico.  Por lo tanto, es necesario que estas visiones sean analizadas dentro de las aulas al momento de enseñar la ciencia jurídica.

La enseñanza del Derecho Civil (particularmente en el CIDE) enfrenta retos mayúsculos en cuanto a perspectiva de género. Si algo hemos aprendido de las lecturas que hemos analizado en clase, es que es necesario criticar esta visión hegemónica en donde solo el hombre es quien conoce y puede transmitir conocimiento. Lamentablemente, dentro de las aulas este patrón es repetido por los docentes y esto impide que exista una historia de la mujer dentro del derecho civil que trascienda en el tiempo.

Por lo anterior, este escrito propone varias soluciones. En primer lugar, que la plantilla docente esté conformada por más mujeres, ya que la mayoría de las personas que enseñan esta materia, son hombres.[6] En segundo lugar, que en los temarios sean incluidos textos de mujeres, porque el patrón de sólo darle difusión a textos de hombres es repetido por casi todos los profesores[7]. En tercer y último lugar, este texto propone que, al enseñarse figuras claramente misóginas —como lo es el pater familia[8]— exista una perspectiva de género de tal manera que estas figuras sean criticadas y cuestionadas y no sólo sean enseñadas como algo normal sin que nadie se exalte o las critique dentro de las aulas. Estas respetuosas propuestas son pensadas con el fin de que dentro de las aulas podamos cuestionarnos la posición de cada uno de nosotros, podamos ver los privilegios o desventajas de las que somos parte y así, podamos conocer nuestra realidad, para hacer algo y cambiarla en una dirección que aumente el bienestar de todas, todos y todes.

El derecho puede transformar la realidad en el sentido de que a través de éste la vida de una persona puede cambiar radicalmente; ya sea para que pueda disfrutar de amplias libertades o, en el caso contrario, para que quede restringida de estas. La forma en la que el derecho es enseñado en las aulas, definitivamente determina la perspectiva mediante la cual las abogadas y los abogados aplican la teoría en la práctica. Por lo tanto, es necesario que en una de las ramas más importantes y vastas de la licenciatura, como lo es el derecho civil, exista perspectiva de género para que de esta manera podamos construir una sociedad en donde las personas puedan disfrutar de sus libertades sin importar si nacieron hombres o mujeres.

 

Mineli Colín, Fernanda Salgado, Mayra López, Iveth Bueno y Enrique López

son alumnas de la asignatura “Historia del feminismo” impartida en el CIDE

 

NOTA: Las opiniones y datos contenidos en este documento son de la exclusiva responsabilidad de su(s) autor(es) y no representan el punto de vista del CIDE como institución.

 


Referencias

[1]Aristóteles, La Política (Madrid: Alianza,2017) 68.

 

[2] Cristine de Pizan, The Book of the City of Ladies, trad. Earl Jeffrey Richards (New York: Persea Books), 17.

[3] Lerner, Gerda. La creación de la conciencia feminista. Nueva York: Oxford University Press, 1994, 3-10.

 

[4] De la Barre, François Poulain. Three Cartesioan feminist treatises. Chicago: University of Chicago Press, 2002, vii-xxv.

 

[5] Lerner, Gerda. The Creation of Feminist Consciousness from Middle Ages to Eighteen-Seventy. Nueva York: Oxford University Press, 1994, 3-20.

[6] Dentro de la materia de derecho civil, que es llevada durante 3 años de los 4 años de la carrera, sólo hay una profesora. Además, no da la materia ella sola, sino que la comparte con un hombre.

 

[7]Hay materias (como Bienes, Sucesiones, Obligaciones y Contratos) en donde toda la bibliografía es masculina. Los libros de apoyo, son escritos únicamente por hombres y no hay bibliografía femenina que motive y sirva de ejemplo para mujeres que quieran dedicarse a la academia dentro del Derecho.

 

[8] Figura jurídica de origen romano que considera al hombre como único sujeto susceptible de tener patrimonio y que, por lo tanto, está por encima de la mujer, las niñas, los niños, las esclavas y los esclavos. En otras palabras, coloca al hombre como propietario del hogar y de las personas que lo conforman. Hecho que excluye a la mujer de la sociedad pues está basada en el concepto de propiedad.

El matrimonio: la manera de silenciar a niñas y mujeres (II)

El economista estadounidense Gary Stanley Becker, quien en 1992 recibió el premio nobel de economía,[1] afirmaba que las personas contraían matrimonio, principalmente, para mejorar su situación económica. El economista, sostenía que los buenos matrimonios están basados en las buenas decisiones de negocios. Becker manifestaba que, al momento de casarse, las personas no tenían como objetivo central el amor, es decir, quizá exista ese sentimiento, pero no es lo principal ni lo único que sostiene ese vínculo. Becker afirmaba que dentro del matrimonio hay responsabilidad compartida y obligación, pero al mismo tiempo hay transacción porque las personas dividen tareas para alcanzar una meta común, análogo a como sucede en un negocio.[2] En suma, las personas deciden casarse por los incentivos económicos que el matrimonio ofrece, dejando a un lado el sesgo romántico, queda la cruda realidad en la que las personas unen su vida en matrimonio por los beneficios económicos que este trae como consecuencia.

Al respecto, en México, existen ciertos sectores de la población en los que las niñas y mujeres no pueden decidir con quién casarse. Como el principal incentivo del matrimonio es generar un mayor bienestar económico, numerosas familias pactan con otras o con algún hombre ­—sin importar ninguna característica de este— la entrega de alguna hija en matrimonio, a cambio de alguna remuneración económica. Esta situación pone en vulnerabilidad a las niñas y mujeres al no respetar sus derechos y libertades porque contraen matrimonio en contra de su voluntad. Como las niñas y mujeres son llevadas al matrimonio sin su consentimiento, al estar dentro de esta sociedad marital son propensas a ser víctimas de abusos físicos, sexuales y emocionales.

El sistema legal mexicano no puede evitar dichas prácticas, por proteger los usos y costumbres de cada región. Por ejemplo, en Chiapas, aunque las uniones hechas bajo el régimen de Usos y Costumbres no se registran, el despacho de Consultores en Administración y Políticas Públicas hizo, en 2015, un recuento de matrimonios legales en el Registro Civil de Chiapas, donde contabilizaron 747 actas matrimoniales donde la contrayente tenía entre 12 y 17 años.[3] También, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 2010, había un total de 12 mil 400 madres menores de 15 años, lo que ubicaba a Chiapas como la tercera entidad con mayor número de embarazos adolescentes, fue hasta 2016, cuando Chiapas ocupó el primer lugar. Asimismo, en la misma entidad, fue reportado un registro de 510 niñas de entre 12 y 14 años, que ya eran madres.[4] Los datos anteriores no sólo resaltan las graves consecuencias de anteponer los usos y costumbres sobre la ley mexicana, sino que también esclarecen como las niñas y mujeres corren un claro riesgo de salud al contraer matrimonio. Al estar casadas la probabilidad de tener un embarazo a temprana edad es más alta, con lo que la vida y salud de las niñas es puesta en riesgo.

Además, las niñas y mujeres están constantemente expuestas a tratos desiguales en las comunidades en las que habitan. Al respecto, Manuel de la Cruz Santiz, juez de paz y conciliación indígena de San Juan Chamula, señala que en la mayoría de las comunidades indígenas las mujeres tienen derecho a la separación cuando el hombre es muy violento o cuando ya no quieren vivir juntos.[5] Si el hombre es el responsable de la separación, está obligado a pagar una única pensión de 3 mil pesos por cada hijo y dejarle a la esposa un cuarto para vivienda, hecho de cemento. Si la esposa fue la responsable de la separación por incumplimiento de sus “obligaciones” maritales, como no limpiar la casa, no saber cocinar, no cuidar a sus hijos o no ser virgen, hablar con otro hombre que no sea su esposo o familiar o por tener iniciativa sexual con su marido, es devuelta a sus padres, quienes deben devolver el dinero o bienes que recibieron luego de autorizar la unión[6].  De esta manera, las niñas y mujeres están constantemente expuestas a maltratos por parte de sus cónyuges, porque al entrar en la sociedad matrimonial de este tipo, ellas pierden su voluntad y están sujetas a la voluntad de su esposo.

Por todo lo anterior, es posible afirmar que, en situaciones como las anteriores expuestas, las mujeres pierden sus derechos básicos al contraer matrimonio, pues no pueden elegir con quien platicar o tomar decisiones sin consultarlas primero con sus cónyuges. Además, las obligaciones que están condenadas a obedecer y cumplir son totalmente desiguales a las del hombre, la división del trabajo está bajo el enfoque de una cultura patriarcal, en donde la mujer está totalmente sometida a su esposo. Esto hace que las niñas y mujeres estén dentro de una situación de vulnerabilidad en donde constantemente sus derechos son violados y no existe autoridad que las pueda ayudar.

Habiendo puntualizado que el matrimonio contractual por intereses económicos convierte a las niñas y mujeres en seres vulnerables, no es otra cosa sino ineludible llamar a la concienciación de la sociedad. La unión en matrimonio de las niñas y mujeres solo por incentivos económicos las expone diariamente a situaciones de violencia en donde no tienen ni voz ni voto. Las niñas y mujeres son víctimas, a las que el matrimonio les arrebata su voz, sus derechos y su voluntad. Es menester exponer la situación que las víctimas día a día tienen que sufrir por contraer matrimonio velando sólo por los intereses económicos de terceros. La sociedad moderna ha olvidado la situación que aún viven las niñas y mujeres cuando son unidas en matrimonio sin consultar su voluntad. El Estado se ha mostrado ciego ante todos los abusos que son cometidos en contra de ellas, excusándose en el respeto a los usos y costumbres. Sin embargo, la situación que las niñas y mujeres son forzadas a vivir va en contra de cualquier protección hacia sus derechos básicos. Lo peor: la situación de vulnerabilidad de la que son víctimas no termina porque no existe una autoridad que visibilice y dé voz a las mujeres forzadas a mantener silencio.

Mineli Michel Colín Gómez. Estudiante de la licenciatura en Derecho del CIDE.

NOTA: Las opiniones y datos contenidos en este documento son de la exclusiva responsabilidad de su(s) autor(es) y no representan el punto de vista del CIDE como institución.

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[1]“Gary Stanley Becker” Biografías y vida, consultado el 20 de mayo de 2018, https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/becker_gary.htm

[2] Jorge Fernández Baca. “Gary Becker y la economía del matrimonio,” Latin American News, 14 de septiembre de 2013.

[3] Matrimonios forzados en Chiapas: cuando los Usos y Costumbres se imponen a la Constitución,” Lado B, última modificación 22 de mayo de 2016, consultado el 21 de mayo de 2019, https://ladobe.com.mx/2016/05/matrimonios-forzados-en-chiapas-cuando-los-usos-y-costumbres-se-imponen-a-la-constitucion/

[4]“Matrimonios forzados en Chiapas: cuando los Usos y Costumbres se imponen a la Constitución,” Lado B, última modificación 22 de mayo de 2016, consultado el 21 de mayo de 2019, https://ladobe.com.mx/2016/05/matrimonios-forzados-en-chiapas-cuando-los-usos-y-costumbres-se-imponen-a-la-constitucion/

[5]“Matrimonios forzados en Chiapas: cuando los Usos y Costumbres se imponen a la Constitución,” Lado B, última modificación 22 de mayo de 2016, consultado el 21 de mayo de 2019, https://ladobe.com.mx/2016/05/matrimonios-forzados-en-chiapas-cuando-los-usos-y-costumbres-se-imponen-a-la-constitucion/

[6] “Matrimonios forzados en Chiapas: cuando los Usos y Costumbres se imponen a la Constitución,” Lado B, última modificación 22 de mayo de 2016, consultado el 21 de mayo de 2019, https://ladobe.com.mx/2016/05/matrimonios-forzados-en-chiapas-cuando-los-usos-y-costumbres-se-imponen-a-la-constitucion/

El matrimonio: la manera de silenciar a niñas y mujeres

El matrimonio es una institución que ha estado presente en gran parte de la historia de la humanidad. En la legislación mexicana, es la unión libre de dos personas; para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua.[1] Con esta definición, es posible asumir que el matrimonio es una institución que ayuda a crear un vínculo contractual y legal entre dos personas que se aman. Sin embargo, rara vez el amor es el principal motivo de las personas para casarse. En algunas culturas las parejas no pueden sobreponer sus sentimientos sobre sus intereses, sobre todo, los económicos. El matrimonio llegó a ser una manera que tienen las élites de acrecentar o acumular recursos y aislar a los individuos sin parentesco o hasta a los miembros «ilegítimos» de la familia. En algunos casos, las familias consolidan la riqueza casando estratégicamente a sus hijos e hijas. [2] Sin duda alguna, el matrimonio es una institución que ha ayudado a regular el comportamiento de la sociedad, asignando roles a cumplir, dividiendo el trabajo y determinando los derechos y obligaciones que una persona adquiere al estar y vivir dentro de un matrimonio. Por lo tanto, al contraer matrimonio por fines económicos indudablemente alguna de las partes queda en una posición de vulnerabilidad.

En 2015 se registraron 558 018 matrimonios, sobresale el hecho de que el hombre tiene mayor edad que su cónyuge; ello sucede en 66.4% de los casos, mientras que en 11% ambos tienen la misma edad y en 22.3% el hombre es menor que su pareja. Ese año se llevaron a cabo 20 782 matrimonios donde la mujer era menor de edad (menor de 18 años), y de estos, 89% el hombre tenía 18 años en adelante. De acuerdo con la ONU, “el matrimonio de niñas y las uniones tempranas constituyen una violación a los derechos humanos de las niñas y son consideradas como prácticas nocivas que afectan gravemente la vida, la salud, la educación y la integridad de las niñas, impacta su desarrollo futuro y el de sus familias, e incrementa la discriminación y la violencia en su contra[3]. Al respecto, este ensayo tendrá como fin responder la siguiente pregunta de investigación: ¿por qué el matrimonio contractual celebrado principalmente por incentivos económicos pone en situación de vulnerabilidad a las niñas y mujeres? El presente escrito tendrá como hipótesis que al celebrar un matrimonio sólo por intereses económicos, en la mayoría de las ocasiones, viola los derechos fundamentales de niñas y mujeres y las sitúa en una situación de vulnerabilidad de la que difícilmente podrán salir.

En principio, el presente escrito, dará una breve explicación del dinamismo del concepto de matrimonio. Posteriormente, será expuesto un análisis para entender los principales incentivos por los que las personas deciden contraer matrimonio. Ulteriormente, el ensayo explicará cómo el matrimonio pone en situación de vulnerabilidad a las niñas y mujeres cuando es celebrado por fines económicos.

Tradicionalmente, el matrimonio es celebrado por un hombre y una mujer. El hombre adquiere el rol de proveedor de la familia y la mujer el de proteger y cuidar al marido y posteriormente a los hijos que puedan ser fruto del matrimonio. No obstante, esto no siempre fue así y en la actualidad no en todos los matrimonios las tareas son divididas de esta manera. En algunas sociedades las mujeres contraen matrimonio por el simple hecho de sentarse a comer solas con algún hombre. Al respecto, el libro Historia del matrimonio de Stephanie Coontz realizó diferentes estudios sobre este hecho, en donde afirma que: “el acto del matrimonio consiste en que el novio permanezca en casa de la novia después del amanecer y compartan el desayuno que ella prepare.”[4] Otro ejemplo de la evolución del matrimonio es que, entre 1840 y 1850 en el Reino Unido, las mujeres publicaban anuncios en el periódico buscando marido. Las mujeres esperaban a que los hombres vieran el anuncio y los interesados las contactaran para contraer matrimonio.[5] Las historias anteriores ejemplos con los que es posible entender al matrimonio como un concepto dinámico que durante el paso de los años ha ido evolucionando.

En las sociedades actuales, el matrimonio usualmente es llevado a cabo por un hombre y una mujer y en lo que la mayoría de las personas coinciden es en que es celebrado para adquirir beneficios que fuera de este no podrían tener. Por ejemplo, la posibilidad de establecer una sociedad conyugal por bienes mancomunados, estabilidad legal y seguridad social. En México, el matrimonio es un acto jurídico que crea derechos y obligaciones ineludibles. Si apartamos a este acto jurídico del sesgo romántico, es una institución económica, en la que existen regímenes patrimoniales: la sociedad conyugal y la separación de bienes.

En estos dos tipos de regímenes los cónyuges establecen la administración de los bienes que pertenecen al matrimonio. Si decidieron optar por el régimen económico de la sociedad conyugal, los participantes del matrimonio pondrán todos o ciertos bienes en común para la administración en pareja. Si deciden optar por la separación de bienes puede ser total o parcial y consta en que cada uno administre por separado sus bienes. No es lo mismo vivir dentro de un matrimonio, que vivir en concubinato o tener una pareja estable. Por un lado, el concubinato ofrece de manera distinta los regímenes económicos, porque esta práctica no provee sociedades conyugales, tan sólo es un acto consensuado. Por otro lado, el estar viviendo con una pareja estable tampoco ofrece regímenes patrimoniales. A través del matrimonio y sobre todo de los regímenes patrimoniales, las personas tienen certeza respecto a los bienes adquiridos en tanto dure el matrimonio.

Mineli Michel Colín Gómez. Estudiante de la licenciatura en Derecho del CIDE.

NOTA: Las opiniones y datos contenidos en este documento son de la exclusiva responsabilidad de su(s) autor(es) y no representan el punto de vista del CIDE como institución.

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[1] “Matrimonio,” Enciclopedia Jurídica, última modificación 20 de mayo de 2019, consultado el 19 de mayo de 2019, https://mexico.leyderecho.org/matrimonio/

[2] Stephanie Coontz, Historia el matrimonio. Cómo el amor conquisto el matrimonio, trad. Alcira Bixto (Gedisa) 17.

[3]En México, las mujeres se casan a más temprana edad, y eso las hace más vulnerables,” Gob.mx, última modificación 22 de julio de 2012, consultado el 20 de mayo de 2019, https://www.gob.mx/mujeressinviolencia/articulos/en-mexico-las-mujeres-se-casan-a-mas-temprana-edad-y-eso-las-hace-mas-vulnerables

[4] Stephanie Coontz, Historia el matrimonio. Cómo el amor conquisto el matrimonio, trad. Alcira Bixto (Gedisa) 45.

[5] “A very british romance,” BBC, consultado el 20 de mayo de 2019, https://www.bbc.co.uk/programmes/b06h1fys