El hombre que intentó robarse una nación

En el año de 1640 llegó a la Ciudad de México un muy peculiar personaje llamado Guillermo Lampart (o Lamport) o Guillén Lombardo de Guzmán, de quien no quedaría casi memoria si no fuera por el hecho de que fue inmortalizado en una estatua que se colocó en la Columna de la Independencia (¡la única en su interior!).

Pero… ¿Quién fue Guillermo Lampart? ¿Qué hace su estatua en la Columna de la Independencia?

Lampart fue un irlandés que había vivido en varias ciudades europeas y que llevaba residiendo dos años en nuestro país, cuando un domingo 27 de octubre de 1642 a las 10:30 de la noche fue aprendido por el Santo Oficio de la Inquisición.

El cargo en su contra: consultar a un hechicero indígena para averiguar el resultado de una importante empresa que pretendía realizar… ¿Cuál empresa? Hacerse pasar por el hijo de Felipe III (es decir, hermano de Felipe IV a la sazón Rey de España) y, por si fuera poco, convertirse en “soberano independiente” de la Nueva España.

Estos son los datos objetivos que tenemos de él, lo demás que conocemos de su biografía es lo que narró ante la Inquisición, en la que –como era práctica del Tribunal– hizo una relatoría detalladísima de su vida.

Lampart tenía 30 años en el momento de su detención, sabía leer y escribir, había estudiado gramática y retórica, además de haber cursado matemáticas y lengua griega en la Universidad de Londres, filosofía en el colegio de niños nobles en España y teología en San Lorenzo del Real. Hablaba inglés, francés, español, latín y griego.

De su país natal se vio obligado a salir ya que, según declara, escribió un folleto llamado Defensio fidei en contra del Rey de Inglaterra. En su huida, fue capturado por una escuadra compuesta por cuatro embarcaciones corsarias, pero al demostrar su talento fue hecho su general.

Su relato continúa salpicado de una serie de aventuras, batallas y conjuras que se desarrollan en Santiago de Compostelas, Burdeos, París, Bruselas, Madrid… en las que tiene tratos con el Marqués de Mancera, el Duque de Medina de las Torres e, incluso, con el propio Felipe IV (¡su futuro hermano!).

Menciona una gran cantidad de honores a los que se hizo acreedor y a destacados protectores que lo tomaron bajo su cobijo.

Es difícil distinguir en su relato entre la realidad y la ficción pues era una persona ilustrada con una memoria prodigiosa. Lo que es evidente es que era un aventurero megalómano, lo cual le costo acabar en las garras de la Inquisición.

Después de relatar su vida, los inquisidores le preguntaron –como era usual– si conocía la razón por la que había sido detenido, a lo que contestó que por unos documentos que había falsificado (él tenía gran habilidad para copiar escritura y había encontrado a un indio que sabía falsificar a la perfección los sellos reales).

Como detalle curioso, el edificio de la Inquisición (donde estaba rindiendo su declaración) se encuentra en la Plaza de Santo Domingo en donde actualmente trabajan los herederos de Lampart en el noble e inveterado oficio de la falsificación.

Su plan era muy sencillo: cuando llegara el nuevo Virrey Conde de Salvatierra le enviaría a diversos funcionarios y jerarcas de la Iglesia las cédulas reales del monarca en las que se le designaba Virrey en virtud de una supuesta traición del Conde.

Una vez en posesión del cargo levantaría tropas y proclamaría la independencia de la Nueva España. Su plan llegaba al grado de tener un programa completísimo de gobierno.

Pensaba llevar a cabo su plan en 1643, pero ya había empezado los preparativos: ya tenía las cédulas reales y diversas cartas dirigidas a gobernantes europeos y al Papa; había mandado mensajeros a pueblos de indios y había contactado esclavos a los que había ofrecido, respectivamente, mejores tratos y libertad a cambio de que lo apoyaran.

También había contactado a un Capitán llamado Felipe Méndez para que lo ayudara, lo que fue el origen de su desgracia, ya que fue éste quien lo denunció ante el Santo Oficio, en donde permaneció preso durante 17 años.

Sin embargo, como buen aventurero que era, logró fugarse de la cárcel durante tres días, tiempo que aprovechó para colocar en la Catedral papeletas en contra de la jerarquía eclesiástica y enviarle una carta al Virrey en la que acusaba a los Inquisidores de traición a Dios y al Rey.

Ante su fuga, la Inquisición publicó un edicto en el que se describía a Lampart (“mediana estatura, rubio de barba y cabello tirante a castaño, enjuto de carnes, quebrado de color, ojos muy vivos, de hasta treinta y cuatro años de edad”), se señalaba su “crimen” y se pedía que la gente lo entregara so pena de excomunión, lo cual aparentemente era un mecanismo muy eficiente, ya que el mismo día en que se publicó fue denunciado y reaprendido en el lugar donde vivía (a unas cuadras de la Inquisición).

El miércoles 19 de noviembre de 1659 lo sentenciaron por “haber usado del peyote y astrología judiciaria para saber sucesos futuros dependientes del libre albedrío a sólo Dios reservados” que implica pacto con el Demonio; además de seguidor de Calvino y Lutero, “fautor y defensor de herejes” y “dogmatista e inventor de nuevas herejías”.

La sentencia se leyó en la Plaza Mayor mientras él se encontraba parado en los portales de mercaderes al lado de la calle de San Francisco y Platería y fue condenado a la hoguera (relajación al brazo secular como eufemísticamente se decía en la Inquisición).

Sin embargo, la sentencia no se ejecutó en la Plaza Mayor sino en la Plaza de San Hipólito enfrente del Convento de San Diego (actualmente Laboratorio Arte Alameda) en donde hoy podemos apreciar una placa que da fe de que ahí se encontraba el “quemadero”.

La estatua en la Columna de Independencia nos muestra al reo justamente en ese momento: Lampart se encuentra en el cadalso, parado sobre unos troncos de leña, atadas las manos a la espalda y mirando beatamente hacia el infinito en una pose digna de la ilustración de una hagiografía.

La razón por la que está ahí es muy sencilla: se debe a la influencia ideológica que sobre Porfirio Díaz tenía el general Vicente Riva Palacio, quien escribió una novela sobre Lampart en la que lo considera como un mártir precursor del movimiento independentista.

Las andanzas de Lampart no acaban ahí. En lo últimos años ha resurgido el personaje con un giro inesperado: según estudios de un profesor italiano en paleografía, Fabio Troncarelli, la novela de Riva Palacio sirvió (aunque parezca increíble) de inspiración para crear al personaje de… ¡El Zorro!

Según Troncarelli la novela (que es producto de la mezcla de la mitomanía y megalomanía original de Lampart y de la imaginación desbordada del General que quería crear un personaje prototipo de novela picaresca) cayo en manos de Johnston McCulley quien en su novela The curse of Capistrano convierte a Lampart en El Zorro.

Ismael Reyes Retana Tello. Abogado constitucionalista y socio del despacho de abogados White & Case.

NOTA: Las opiniones y datos contenidos en este documento son de la exclusiva responsabilidad de su(s) autor(es) y no representan el punto de vista del CIDE como institución.

(Visitado 1.268 veces, 1 visitas hoy)

Un comentario en “El hombre que intentó robarse una nación

  1. recientemente asistí a la librería Rosario Castellanos, en donde, en presencia del embajador de Irlanda, se presentó un libro de este mítico personaje.

    Muy interesante su vida, ya novelada por don Vicente Rivapalacio….

Comentarios cerrados.