El (mal) diseño del feminicidio en México

En el ámbito periodístico ha existido un auge en pronunciar cada muerte de una mujer como un feminicidio, no obstante la mayoría de estas muertes no pueden ser encasilladas como tal. Utilizar indiscriminadamente la palabra ‘feminicidio’ ha ocasionado perder el sentido social y jurídico de este tipo de delito. Lo que ocasiona una falta de justicia a las víctimas y ayuda a ignorar un gran mal de la sociedad en el que persiste la desigualdad entre los géneros.

La palabra feminicidio surge del inglés feminicide que se utilizó por primera vez ante el Primer Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres en 1976 por Diana Russell. Russell definió esta palabra como “el asesinato de mujeres realizado por hombres motivado por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad de la mujer”.[1] De esta manera nace un tipo de asesinato con una víctima específica, la mujer, regida por conductas misóginas que llevan a matarla por su condición de género. En este caso, la autora es muy clara al decir que los asesinatos son ocasionados por hombres. Cabe señalar que en el derecho mexicano no se realiza esta presunción tan clara sobre los asesinos, no obstante se puede inferir que el Estado también los considera –a los hombres- como primeros asesinos de mujeres.

Ahora bien, México en la época de los noventa, específicamente en Ciudad Juárez, se encontraba en un contexto de violencia creciente dirigida hacia la mujer; por lo cual la antropóloga Marcela Lagarde decidió traducir el termino feminicide a feminicidio para darle nombre a todas estas muertes de mujeres. Lagarde además de traducir la palabra decidió ampliar la definición, entendiéndolo como el asesinato de mujeres causado por el odio hacia la mujer bajo la impunidad de un Estado que no castiga esos asesinatos. Desde el punto de vista de la antropóloga se observa que el Estado realiza no poca sino nula acción para prevenir, erradicar y proteger a las mujeres para vivir una vida libre de violencia.

El contenido jurídico del feminicidio

En los últimos años, se ha observado un aumento alarmante en las muertes de mujeres de manera agresiva; por lo tanto, el Estado decide tipificar este delito y darle la relevancia que merece. No obstante, el Estado falla en realizar su deber, puesto que la tipificación que realiza es ambigua e ineficaz para tratar el problema. En este sentido, los legisladores en el código penal federal expiden la tipificación del feminicidio como: “Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género.”[2] A primera instancia la definición suena apropiada; sin embargo, la cuestión se complica al analizar las llamadas “razones de género”. Las razones de género se explican en siete fracciones con las cuales pretenden encontrar algún signo en el asesinato que demuestre que la mataron por ser mujer.

I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;

II. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;

III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

IV. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;

V. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

VI. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;

VII. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.

A primera vista, las razones de género suenan razonables y apropiadas. No obstante, al analizar puntualmente cada fracción se puede encontrar ciertas cuestiones que complican poder sentenciar al presunto culpable bajo el delito de feminicidio. Las primeras dos fracciones pueden ser consideradas las más relevantes para este tipo de delito. Por un lado, si el cadáver de la víctima presenta rasgos de violencia sexual o física se reconoce la intencionalidad de humillar a la víctima –en este caso, menospreciar a la mujer. Por otro lado, el derecho penal tiene una interpretación muy estricta respecto a cómo está tipificado en el código. En este caso, las victimas quedan desprotegidas si sólo existe un rasgo, una lesión o mutilación. Es decir, a menos que el cadáver de la víctima presente muchos rasgos en su cuerpo, difícilmente un juez calificara el crimen como feminicidio, aun cuando haya sido por un acto de odio.

Otra cuestión importante que se debe señalar es que sólo es feminicidio si existía un vínculo entre el presunto culpable y la víctima. El vínculo se reduce a los seres cercanos con los que compartiera algún ámbito de su vida, ya sea privado o público. Para ciertos casos de muertes de mujeres de manera violenta funciona que este tipificado de esta manera, puesto que en unos casos las mujeres mueren a manos de su pareja sentimental o algún familiar. No obstante, esto excluye los casos donde las mujeres mueren a manos de desconocidos. Estas mujeres no pueden acceder a una justicia por la pérdida de su vida, con lo cual se ven desprotegidas ante la ley.

La última cuestión demuestra la incompetencia del sistema en general. Primero, los legisladores consideran relevante que el juez conozca que existió algún tipo de acoso de cualquier tipo contra la víctima. Este acoso debe ser registrado o debe existir en algún tipo de dato verificable como una denuncia ante el ministerio público. Con ello, las mujeres debieron ir a presentar varias denuncias para confirmar la tentativa de muerte sobre su vida. A pesar de ello, esto no sucede porque en la mayoría de los casos las mujeres son incapaces de denunciar y si lo lograran hacer existen dos escenarios: que el ministerio público no quiera proceder con el acto de denunciar o que sólo realice una denuncia, lo cual es insuficiente para demostrar el acoso según dicha fracción. Segundo, los legisladores consideran que sucedió un feminicidio si el cuerpo de la mujer se deja en la vía pública. Esta cuestión manda dos mensajes: por un lado, que es indigno que el cuerpo sin vida de una mujer este en la calle; por otro lado, que el cuerpo sin vida de una mujer no puede estar la calle. Por ejemplo, cuando es asesinado un hombre, esto tiende a suceder en la vía pública, para cualquiera resulta irrelevante que después de matarlo lo dejen en la calle. Pero existe una conmoción si una mujer muere en la calle, porque existe el pensamiento que la mujer no pertenece a ese ámbito. Con ello, se puede observar una tendencia de los legisladores por aún considerar que la mujer no pertenece en los lugares públicos.

Como resultado, la tipificación del código penal federal difícilmente dará resultados efectivos para poder dar justicia a las víctimas, porque en la práctica es muy difícil probar estos hechos. Además a través de este breve análisis se observa el poco entendimiento de los legisladores en el tema para poder explicar las características de un asesinato de mujer por el odio a la misma. De manera similar, se debe reconocer que separar homicidio de feminicidio crea ningún efecto en reducir las muertes de mujeres de manera violenta, incluso hace que persista la segregación de la sociedad. Por lo tanto, el Estado regresa a dejar delitos impunes y victimas desprotegidas.

La realidad mexicana

El caso más nombrado que da nombre y trae a la realidad lo que es el feminicidio en México, es el caso de Mariana Lima Buendía. Este caso en particular contiene los rasgos más comunes del feminicidio y se presenta como el mejor ejemplo para hablar del tema. Este feminicidio ocurrió en el Estado de México, uno de los estados con mayor índice de violencia y muertes a mujeres de manera violenta, una cuestión nada irrelevante para explicar el desinterés del Estado sobre el tema. Mariana Lima era una joven abogada egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ella trabajaba en el Centro de Justicia de Chimalhuacán donde conoció a Julio César Hernández Ballinas, un policía judicial, con el cual contrae matrimonio en el 2008. El matrimonio de Lima estuvo cargado de violencia física, sexual, psicológica y económica; incluso Ballinas obliga a Lima a dejar su trabajo en el Centro de Justicia para convertirse en ama de casa de tiempo completo. En el 2010, Lima, con tan sólo 29 años, decide terminar esta espiral de violencia por parte de su esposo, así como denunciar estas agresiones. No obstante, un día después el cuerpo de Lima es hallado sin vida por Ballinas. Desde el inicio del descubrimiento del cuerpo se tuvo la presunción que fue un suicido aunque el cuerpo de Lima presentaba múltiples heridas por todo el cuerpo. La investigación de Lima estuvo repleta de errores que permitieron dejar –momentáneamente– en impunidad el caso: la escena del crimen fue contaminada, los peritos realizaron una mala recolección de evidencias, el médico confirmó el suicidio e ignoró los rasgos de violencia en el cuerpo de Lima y la declaración de Ballinas fue tomada mucho tiempo después desde que le pidieron declarar.

Después de años de lucha, para obtener la justicia para Mariana Lima, su madre, Irinea Buendía, logró interponer un amparo con el cual la Suprema Corte de Justicia de la Nación toma el caso para su análisis. La Suprema Corte en el 2015 determina que se reabra la investigación del caso con perspectiva de género para poder considerarlo como un posible feminicidio. Un año después, Ballinas es detenido para sentenciarlo por la muerte de Lima en el 2010.

A través de este caso se puede observar los aspectos típicos de un feminicidio en México: control por parte del hombre a la mujer, un aumento en la violencia dentro de la relación, la violencia termina en la muerte de la mujer y una investigación ineficiente junto con el desinterés de los órganos encargados para ofrecer justicia a la víctima. El caso de Lima trascendió en el derecho mexicano para hacer un llamado a las autoridades para realizar acciones eficaces en el tema. Sin embargo, una simple tipificación jurídica en un código penal no es suficiente para resolver un problema social. El Estado requiere de extensas medidas en todos los ámbitos para castigar el maltrato a la mujer, los actos de violencia hacia ella y las muertes denigrantes a las que son sometidas. Ningún individuo merece morir en circunstancias inhumanas y menos por el género con el que vive. El feminicidio en todo momento debe ser recordado como el asesinato de mujeres por ser mujeres. A partir de ello, existe un punto de partida para reconocer la desigualdad de género que viven las mujeres mexicanas.

Elizabeth V. Leyva. Estudiante de la licenciatura de derecho en la División de Estudios Jurídicos del CIDE.

NOTA: Las opiniones y datos contenidos en este documento son de la exclusiva responsabilidad de su(s) autor(es) y no representan el punto de vista del CIDE como institución.

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[1] Ana Isabel Garita Vílchez, La regulación del delito de Femicidio/feminicidio: En América Latina y el Caribe, (Panamá, 2014), 15, http://www.un.org/es/women/endviolence/pdf/reg_del_femicicidio.pdf

[2] H. Cámara de Diputados del Congreso de la Unión Legislatura LXIII, Código Penal Federal, Título Decimonoveno: Delitos Contra la Vida y la Integridad Corporal, Capítulo V: Feminicidio, Artículo 325, disponible en www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/9_180716.pdf

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Un comentario en “El (mal) diseño del feminicidio en México

  1. Querida Elizabeth:
    Participo de la primera parte de tu trabajo, en el sentido de que no toda muerte de una mujer, y agregaría, incluso violenta, puede ser subsumida en el tipo penal denominado feminicidio.
    Sin embargo, disiento del análisis que formulas respecto de la tipificación de esa figura jurídica; aunque, al final estimo que se encuentra regulado en forma incompleta.
    En principio, el activo de ese delito en México carece de una calidad determinada, por lo que puede ser tanto un hombre como una mujer.
    La mayor parte de los Códigos Penales hablan de que se trata no solo de un delito de odio sino de prejuicio. Encasillarlo en el primero, estimo, puede generar una mayor impunidad al dejar fuera diversas conductas que, sin mayor esfuerzo, encajan en el feminicidio.
    Luego, el problema central, es el descubrir qué son «las razones de género». Cuál es sus características definitorias? Cuál su cimiente? Tanto la jurisprudencia internacional, como la nacional y la doctrina han identificado al menos tres en forma clara. Pero, estas razones deben acaecer en un contexto misógino o de discriminación.
    Lo que hasta aquí he dicho, permite alejarme de la interpretación que realizas del feminicidio, ya que las siete «razones de género», son en realidad un listado (limitativo y no enunciativo desafortunadamente) de hipótesis fácticas o supuestos de hecho en los que se puede actualizar el delito de feminicidio, siempre que se actualicen «las razones de género» establecidas en estándares internacionales.
    Es así, como considero que, además de realizar el listado de esas siete fracciones que debieran ser enunciativas, el legislador debió dejar en claro qué es lo que se debe entender por «razones de género».
    También estimo de importancia aclarar que, al ser el feminicio un delito que sienta sus bases en el odio o prejuicio, no es necesario que exista algún vínculo entre la víctima y el victimario.
    Existen otras razones que me gustaría abonar, pero las guardo para una mejor ocasión. Espero pronto poder expresarlas.

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