Entre la utopía y la distopía de la inteligencia artificial

 

Con esta colaboración se inicia una serie de textos relacionados con la llamada cuarta revolución industrial (revolución 4.0) que atraviesa la sociedad moderna (inteligencia artificial, internet de las cosas, smart cities, impresión 3D, machine learning, data mining, entre otros). El objetivo es explicar y ofrecer reflexiones sobre sus  posibles implicaciones en un amplio abanico de ámbitos de la sociedad, tales como la economía, el derecho, las telecomunicaciones, la ética y la educación. 

Finalmente, somos testigos del despunte de la Inteligencia Artificial (IA), basta con ver las publicaciones más importantes en economía y tecnología para observar la prevalencia y frecuencia con que aparece este apasionante tema. No se trata de un fenómeno mediático, destacados investigadores de varias disciplinas han dedicado textos a la IA; están surgiendo debates internacionales en escenarios como el Foro Económico Mundial 2018, la UNESCO y la OCDE. Se están llevando a cabo análisis, foros, comités y todo tipo de iniciativas para informar y advertir sobre los beneficios y desafíos de la IA. Incluso, hoy en día, varios países y empresas están impulsando estrategias para el desarrollo de la IA.

Para algunos, se trata de la cuarta revolución industrial, una progresión natural del cambio tecnológico. Para otros, de una revolución cognitiva, ya que no sólo desplaza la fuerza física sino también podría reemplazar nuestras capacidades, habilidades y toma de decisiones.

Lo cierto es que todo parece indicar que está por llegar una transformación de nuestra organización social sin precedentes. En el marco del Foro Económico Mundial de Davos 2018, el CEO de Google, Sundar Pichai, dijo que la IA tendrá un impacto más profundo en el mundo que algunas de las invenciones más ubicuas de la historia como el fuego y la electricidad. Es un cambio tecnológico que promete una gran cantidad de beneficios en todos los aspectos de la vida: en la medicina, la seguridad, el transporte, la administración de la energía, el surgimiento de Smart Cities, e incluso la mejora de las capacidades humanas.

Aunque la innovación ha mejorado nuestras vidas desde la edad de piedra, nuestra relación con la tecnología no ha estado exenta de temores y resistencias. Ya en el año 350 a.C. Aristóteles dijo que, con las autómatas de Hefestos[1], los humanos podríamos volvernos redundantes en el mundo. Mucho tiempo después, en el siglo XIX, durante la primera revolución industrial, los trabajadores preocupados por el desplazamiento laboral debido a la introducción de la maquinaria, saboteaban a sus empleadores introduciendo zapatos o zuecos[2] en los engranes.

Dado el potencial de la IA de reproducir y probablemente de rebasar nuestras capacidades, a diferencia de las transformaciones anteriores, esta vez confluyen todos los miedos que la tecnología produce sobre nosotros: preocupaciones económicas, éticas e incluso biológicas. Por ejemplo, el temor a vivir bajo una vigilancia orwelliana, el desplazamiento laboral, la pérdida de nuestra autonomía y libertades e incluso la profundización de la desigualdad y la discriminación, o el temor al transhumanismo.

Así, una parte de la narrativa sobre la IA se construye sobre la posibilidad de alcanzar un futuro utópico, donde la tecnología facilitará nuestras vidas y el progreso económico y, por otro lado, un futuro distópico en el que seremos presa de nuestra creación. Como lo describe recientemente Yuval Harari en su libro Homo Deus, habrá un escenario en el que el futuro de la humanidad se dividirá en una súper élite de seres humanos mejorados, equivalente a dioses, y una masa de personas inútiles[3].

Pero la historia económica nos ha dado lecciones que vale la pena recordar. En la primera Revolución Industrial se suscitó la debacle del gran mercado indio de textiles a manos del imperio británico, quien se vio beneficiado por la invención de la máquina de vapor, con consecuencias económicas muy conocidas para ambas partes[4]. La disyuntiva es clara, tenemos mucho que ganar si la IA trabaja para el bienestar de todos y mucho que perder si no somos competentes en adoptar y desarrollar estas nuevas tecnologías.

Para ser exitosos en la adopción de IA necesitamos fomentar a su vez otras tecnologías relacionadas, por ejemplo, el Internet de las Cosas (IoT). La conexión de dispositivos tales como cámaras, micrófonos y sensores diversos genera información del mundo y sirve como una suerte de input para la IA. Es una especia de Qualia, las propiedades de las experiencias sensoriales que nos permiten aprender.

De la misma manera, para que el IoT se extienda hay otros prerrequisitos tecnológicos que debemos satisfacer, como generación de big data, la adopción del 5G, impulsar el despliegue de infraestructura en telecomunicaciones, la asignación eficiente y suficiente de espectro y la transición al protocolo de Internet IPv6, por mencionar algunos.

La agenda es larga, los desafíos son muchos, el futuro siempre provoca incertidumbre, pero el reto es claro… Como diría el matemático y biólogo Alan Kay “la mejor forma de predecir el futuro es inventarlo”.

Javier Juárez Mojica. Comisionado del Instituto Federal de Telecomunicaciones. Miembro honorario de la Comisión de Ética en el Conocimiento Científico y la Tecnología (COMEST) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y miembro del Grupo de Expertos de Inteligencia Artificial (OEGAI) de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Twitter: @juarezmojica

NOTA: Las opiniones y datos contenidos en este documento son de la exclusiva responsabilidad de su(s) autor(es) y no representan el punto de vista del CIDE como institución.

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[1] Hefestos, dios del fuego y la forja en la mitología griega; creó doncellas doradas de apariencia humana que tenían inteligencia y la capacidad de hablar y de moverse de manera independiente.

[2] Los sabots eran zapatos elaborados por artesanos, en madera y de una sola pieza.

[3] Hernández, Esteban, Entrevista con Yuval Noval Harari, El Confidencial, 14 de octubre del 2016. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-10-14/harari-poder-control-algoritmo-elite-salud_1274660/

[4] Broadberry, Stephen and Gupta, Bishnupriya, Cotton textiles and the great divergence: Lancashire, India and shifting competitive advantage, 2005. Disponible en: http://wrap.warwick.ac.uk/1708/1/WRAP_Broadberry_CEPR-DP5183%5B1%5D.pdf

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