La ambición contrapesa la ambición, ¿Y en México quién contrapesa a quién?

El pasado 11 de marzo, explica Víctor Meade en su columna, fue publicado en el DOF el decreto que contempla las reformas constitucionales y nuevas disposiciones que configuran a la llamada Reforma Judicial, diseñada e impulsada por Arturo Zaldívar, ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Dicha reforma tiene como objetivo modificar siete artículos constitucionales, así como algunos códigos y leyes secundarias.[1] Además, el 15 de abril el Senado aprobó el artículo transitorio — que, cabe aclarar, va en contra de la Constitución —, que permitiría tanto al actual presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como al Consejo de la Judicatura Federal (CJF) ampliar su cargo por dos años más. Este último pretenden hacerlo válido, aunque primero debe ser aprobado por la Cámara de Diputados.

El propio Senado en su cuenta de Twitter explicó de qué va la reforma al Poder Judicial. Por un lado, el dictamen expide tanto la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación como la Ley de Carrera Judicial del Poder Judicial de la Federación. Además, se modifica i) la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado, reglamentaria del apartado B) del artículo 23 constitucional; ii) la Ley Federal de Defensoría Pública; iii) la Ley de Amparo, reglamentaria de los artículos 103 y 107 de la Constitución; iv) la ley reglamentaria de las fracciones I y II del articulo 105 constitucional; y v) el código federal de procedimientos civiles. [2]

Sobre esta línea, cabe señalar que México, a partir de la creación de la Constitución de 1917, ha sido una federación cuya Carta Magna estipula y defiende la división de poderes. El arreglo federal mexicano tiene como principio el sistema de pesos y contrapesos, siguiendo el ejemplo estadounidense; este arreglo permite mantener la práctica de la separación de las esferas del poder. Sin embargo, en los últimos dos años que han transcurrido durante la administración actual, la autonomía tanto de órganos constitucionales como de los poderes se ha visto más amenazada que nunca.

Dado el contexto que enfrentamos, me parece importante que demos un viaje al pasado y visitemos lo escrito por los Federalistas, quienes, incluso hace más de 200 años, previeron problemas que hoy nos atañen. Una de estas dificultades, como ya se podrá inferir, deviene de la separación de poderes: ¿cómo podrá asegurarse dicha división? Ante esto, Madison respondió que es necesaria una estructura interna que asegure que los poderes no interfieran entre sí, y que sus miembros tengan la menor influencia en los procesos de nombramientos de las otras ramas. Aquí surge el primer problema: en México, y especialmente durante este sexenio, las líneas de la división de poderes están más borrosas que nunca.

Durante lo que va de su mandato, el presidente de la República no ha dudado en atacar a cualquier institución o persona que represente un contrapeso para su gobierno: ya sean reporteros, el INE o un poder de la Unión, éstos deben cambiar — o irse — para acomodarse a él. Tristemente, esto incluye a la Constitución. ¿Qué opinaría Madison al respecto? Supongo que, de entrada, reprocharía altamente que México se autoproclame como República federal; además de que lo vería como lo que es: un ataque directo a la Constitución.

No es sorpresa que el ministro Zaldívar hace lo que el presidente dice. Ya sea porque se anda paseando por las mañaneras o proponiendo ministras que no deberían estar ahí, el presidente de la SCJN está sujeto a los deseos de López Obrador: el presidente dice rana y Zaldívar salta. Qué cómodo resulta, ¿no? Con esta reforma, el presidente se asegura de que su títere judicial esté en su puesto hasta que termine su propio plazo. Esto, aunado a una mayoría de su partido en el Congreso de la Unión, el presidente tiene camino libre para hacer y deshacer a su gusto.

Con instrumentos tramposos y retóricas mentirosas, el presidente se adjudica toda la legitimidad soberana. Pero, en realidad, representa un peligro para la democracia: ni respeta a la oposición ni da cabida a uno de los elementos más importantes de nuestra Constitución, el sistema de pesos y contrapesos. Bien escribió Madison que, para que una República funcione sobre uno de sus ejes más importantes — la división de poderes — es necesario que la ambición contrapese la ambición, pero, ¿quién contrapesa la ambición de un presidente sediento de poder y autoridad, a quien no le importa acabar con la Constitución para cumplir sus objetivos?

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Fuentes:

[1] Victor Meade, “Fraude a la Constitución”, La Orquesta, 19 de abril de 2021, https://laorquesta.mx/fraude-a-la-constitucion-columna-de-victor-meade-c/

[2] @senadomexicano, “Leyes secundarias de la Reforma Judicial”, Twitter, 15 de abril de 2021, 13:41, https://twitter.com/senadomexicano/status/1382766040950607873

Hamilton, Jay y Madison. El Federalista. 1788.

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