La desigualdad social y jurídica de los trabajadores domésticos en México

  Yo me pregunto cómo será llegar de un lugar lejano a buscar empleo sin saber con qué familia y en qué casa les tocará trabajar. Simplemente “se las llevan”. ¿A dónde? No lo sé, pero probablemente muy lejos de todo lo que ellas habían conocido hasta ese entonces.

Andrea Santiago

 

No es de extrañarse que en México el porcentaje de crecimiento anual en el sector informal sea cada vez mayor al pasar del 2% en 2015 al 2.5% en 2016. Este porcentaje representa a 29.1 millones de trabajadores mexicanos, dentro de los cuales 2.3 millones laboran en el sector doméstico siendo el tema de estudio de este ensayo.[1] Este empleo consiste en prestar servicios de cuidado, limpieza y atención en hogares de terceros a cambio de un salario monetario. Asimismo, el 90% de los trabajadores domésticos son mujeres dentro de las cuales, 60% pertenecen a un estrato socioeconómico medio-bajo y el 64% no tiene una educación superior a la primaria.[2]

Sin embargo, y a pesar de que en México un importante segmento de su población se dedicada al sector laboral doméstico,  ¿realmente cuentan con los mismos derechos laborales que los trabajadores en general? No, la Ley Federal del Trabajo (LFT) marca una diferencia en cuanto a derechos laborales entre los trabajadores del hogar y los trabajadores en general. Asimismo, al no tener el mismo reconocimiento al de un trabajador común, este empleo es uno de los más importantes dentro del sector informal, así como objeto de discriminación y de explotación laboral por parte de los empleadores.

De acuerdo con la LFT los trabajadores de aseo doméstico tienen derecho a un reposo durante el día laboral para ingerir alimentos y a tener descanso por las noches. Además, estos trabajadores tienen derecho a una remuneración tanto en efectivo como en alimentos y habitación. A pesar de que el pago de estos trabajadores sea contemplado por el salario mínimo, los pagos se establecen conforme a precios de mercado y a la negociación entre el empleado y el empleador[3]. De esta forma, es posible que el pago por día de un empleado doméstico pueda ser menor al establecido por la ley del salario mínimo al regirse por una negociación entre ambas partes.

Por otra parte, existen ciertas obligaciones para el empleador como la de “guardar consideración al trabajador del hogar, absteniéndose de propinarle cualquier mal trato; proporcionarle un local cómodo e higiénico para dormir, alimentación sana y satisfactoria y condiciones de trabajo que aseguren la vida y la salud; y cooperar para la instrucción del trabajador.” Asimismo, si el empleado se enferma, el empleador tiene la obligación de pagarle como extra lo correspondiente a un mes hasta que se recupere. Si el trabajador ha prestado servicios durante un mínimo de seis meses, el empleador deberá de garantizarle asistencia médica hasta por tres meses, así como pagar el sepelio si fallece.

Por su parte, en cuanto a las obligaciones de los trabajadores estos deben “guardar consideración y respeto al empleador, a su familia y a las personas en el hogar donde presten sus servicios; así como poner el mayor cuidado en la conservación del menaje de la casa.” En cuanto a la rescisión de la relación laboral, por un lado, el empleado puede dejar de trabajar siempre y cuando de aviso con ocho días de anticipación. Por otro lado, el empleador puede despedir al trabajador en cualquier momento que lo desee siempre y cuando pague una indemnización sin la necesidad de comprobar la causa del despido. También si el empleador es acusado por despedir injustificadamente al empleado, este no tiene la obligación de reinstalarlo.[4] A pesar de tener ciertos derechos como los trabajadores en general, existe mucha ignorancia por parte de ambas partes respecto las obligaciones y derechos que tienen. Asimismo, al ser los trabajadores domésticos, en su mayoría, se trata de personas con baja o nula escolaridad, lo cual dificulta que tengan acceso a las pocas garantías que poseen. De esta manera, los empleadores pueden abusar de la falta de conocimiento por parte de los trabajadores al no concederles los mínimos derechos que le otorga la LFT.

Otro punto importante es que el empleador es relevado de otorgar seguro social y de inscribir a los trabajadores al fondo de ahorro para la vivienda. Así, es por voluntad del empleado el suscribirse al seguro social y debe pagar las aportaciones. Además, los trabajadores domésticos no pueden cotizar semanas de trabajo y, por lo tanto, no tienen acceso a una pensión al finalizar su vida laboral.[5] De esta forma, es posible ver que aunque los trabajadores domésticos pueden formar parte de seguros y asociaciones como el INFONAVIT, no es obligatorio el dar estas prestaciones por parte del empleador, lo que conlleva a que los trabajadores sean más vulnerables a tener una mala calidad de vida.

En cuanto a la jornada laboral, en la mayoría de los casos, los empleadores no pagan a los trabajadores domésticos las horas extras de trabajo y, por lo tanto, no poseen un horario fijo. Lamentablemente, como fue mencionado anteriormente, la mayoría de los empleados no saben del derecho al pago de horas extras. Asimismo, al no conocer su derecho a vacaciones, muchas veces no lo exigen y queda a voluntad del empleador el decidir cuándo y cuánto tiempo el trabajador podrá gozar de periodos vacacionales.

Otro problema fundamental que debe ser tomado en cuenta es la discriminación por parte de los empleadores hacia los trabajadores domésticos. Un proyecto realizado por Andrea Santiago, licenciada y maestra en filosofía por la UNAM, da a conocer los testimonios de varias trabajadoras del hogar con el fin de concientizar a la población de la situación en la que laboran. Este proyecto consta de entrevistas en donde se puede escuchar la denigrante situación en la que estos trabajadores tienen que laborar día a día. Matilde, por ejemplo, da a conocer que en su jornada laboral tiene que soportar humillaciones y malos tratos por parte de los niños a los que cuida por miedo a quedarse sin trabajo. Según ella, sus empleadores no la dejan retirarse de la casa en la que labora hasta que no necesiten nada más de ella. De igual forma, dice tener miedo a denunciar a sus patrones, pues cree que en México el que no tiene dinero no es escuchado por las autoridades.[6] Cabe destacar que Matilde solo es una de las miles de trabajadoras de aseo doméstico que sufre de discriminación y que tiene miedo de acudir a las autoridades como es el caso de la población en general. De acuerdo con el periódico El Economista, 90% de víctimas de delitos en México no denuncia, pues reconocen que es muy difícil proceder a una solución por parte de las autoridades.[7] Así, trabajadoras domésticas confiesan en las entrevistas de Andrea Santiago haber sufrido delitos más graves como el acoso sexual o incluso violaciones y, al ser un sector muy vulnerable, dada su situación de subordinación, no les es sencillo conocer y exigir sus derechos por miedo y falta de confianza a las autoridades.

Es probable que acabar con la corrupción en México resolvería el problema de la discriminación y el mal trato a los empleados domésticos al poder acudir con las autoridades a denunciar cualquier incumplimiento de sus derechos. Según Miguel Carbonell, la falta de preparación de los cuerpos policíacos y de los encargados de la investigación de delitos, son la causa principal de que sean fácilmente sobornados. Asimismo, señala que la impunidad en México es del 99%.[8] Al acabar con este problema, se evitaría que las personas tengan que pagar para ganar un juicio y que las autoridades encargadas de resolver las disputas no se concentren sólo por el beneficio económico.

De igual manera debería ser obligatoria la formulación de un contrato escrito en donde el empleador y el empleado acuerden cláusulas que se llevaran a cabo durante la jornada laboral. A partir de esto, será más fácil dar a conocer tanto a los empleadores como los trabajadores los derechos y las cláusulas por las cuales deben laborar. El Centro de Apoyo y Capacitación para Empleados del Hogar proporciona un ejemplo de contrato que podría resolver en gran parte las malas condiciones de trabajo y la falta de conocimiento de los derechos establecidos por la LFT. Dicho contrato especifica el tipo de trabajo que será llevado a cabo por el empleado doméstico como el cuidado de niños, aseo de una propiedad, jardinería, entre otros. También se señala que el trabajador debe ser mayor de edad y que trabajará por un máximo de ocho horas o será sujeto a disfrutar del pago adicional por horas extras. En cuanto a las cláusulas de la jornada laboral, se estipula el salario y derechos como el periodo vacacional, alimentos, buenas condiciones de alojamiento (si el empleado es de planta). Además, se contemplan las disposiciones por parte de la LFT en cuanto a la forma en que el empleado debe renunciar y las prestaciones a las que tiene derecho. De esta forma, podría notarse un gran avance en cuanto al cumplimiento de derechos y a la facilitación para que los trabajadores conozcan lo que contempla la ley para ellos. Así mismo, facilitaría que, en caso de incumplimiento a alguna de las cláusulas, puedan resolverse en menor tiempo. Así, sería evitado que las autoridades correspondientes se nieguen a resolver el caso.[9] Igualmente, debería ser establecido en el contrato la identificación del trabajador como del empleador con el fin de garantizar la seguridad de ambas partes y sea de su conocimiento con quien trabajarán.

No obstante, para que este contrato garantice la total igualdad de derechos entre los trabajadores domésticos y los trabajadores en general deben establecerse reformas legislativas. Estas reformas deben abarcar, principalmente, la seguridad social y aportación para la vivienda. Debería ser obligatorio el proporcionar seguro social a los empleados y que estos puedan tener derecho a jubilarse cuando acaben su vida laboral. De esta forma, los trabajadores estarían más protegidos y, en caso de enfermedad, podrían acceder a la salud pública que proporciona el Estado. También estos trabajadores serían protegidos una vez terminada su vida laboral. Sería justo que al igual que los trabajadores comunes los trabajadores del hogar puedan despreocuparse de trabajar una vez que estén en la tercera edad. Asimismo, algunos juristas proponen la modificación al artículo 48 de la LFT respecto a las aportaciones de la vivienda, para efectos de que éstas sean obligatorias con el fin garantizarles seguridad como la que tienen los trabajadores en general. En cuanto a las asociaciones y sindicatos de los trabajadores del hogar, valdría fortalecerlos con ayuda del Estado para evitar la vulnerabilidad en la que los trabajadores domésticos se encuentran actualmente y puedan ser escuchados.[10]

No obstante, para algunos sería perjudicial cambiar de un día para otro la legislación en materia de trabajo doméstico. Si existe un cambio repentino en las reglas que regula este mercado, muchos trabajadores domésticos podrían perder su trabajo debido a la cultura mexicana que niega a estos empleados el ejercicio de sus derechos y prestaciones.[11] De ahí que se argumente a favor de que estos cambios se den de manera paulatina para que poco a poco la sociedad haga conciencia de la importancia que tiene este sector. Asimismo, sería pertinente que las asociaciones y sindicatos promovieran más el respeto que merecen estos empleados, así como expandir el conocimiento de sus derechos. También, deberían crearse políticas públicas con el fin de enseñar en las escuelas a nivel básico y medio el respeto hacia cualquier trabajador y la importancia que cada uno tiene en la sociedad mexicana.

Carlos Eduardo Herrera Rodríguez. Estudiante de la carrera de derecho en la División de Estudios Jurídicos del CIDE.

NOTA: Las opiniones y datos contenidos en este documento son de la exclusiva responsabilidad de su(s) autor(es) y no representan el punto de vista del CIDE como institución.

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[1] Carmen Luna, “La economía informal cobra fuerza en México,” Expansión, 17 de agosto de 2015. Consultado el 31 de octubre de 2016, http://expansion.mx/economia/2015/08/15/informalidad-laboral-retoma-fuerza-en-mexico

[2] Iliana Moreno. “Los derechos fundamentales de las trabajadoras del hogar y sus garantías en México,” Suprema Corte de Justicia de la Nación, https://www.scjn.gob.mx/transparencia/lists/becarios/attachments/150/becarios_150.pdf (Fecha de consulta: 1 de noviembre de 2016).

[3] Iliana Moreno. “Los derechos fundamentales de las trabajadoras del hogar y sus garantías en México,” https://www.scjn.gob.mx/transparencia/lists/becarios/attachments/150/becarios_150.pdf

[4] Iliana Moreno. “Los derechos fundamentales de las trabajadoras del hogar y sus garantías en México,” https://www.scjn.gob.mx/transparencia/lists/becarios/attachments/150/becarios_150.pdf

[5] Iliana Moreno. “Los derechos fundamentales de las trabajadoras del hogar y sus garantías en México,” https://www.scjn.gob.mx/transparencia/lists/becarios/attachments/150/becarios_150.pdf

[6] “Testimonios de trabajadoras del hogar,” Voces de entrada por salida, consultado el 7 de noviembre de 2016, https://vocesdeentradaporsalida.org.

[7] Ruben Torres, “De los delitos 90% no es denunciado: INEGI,” El Economista, 27 de septiembre de 2012. Consultado el 7 de noviembre de 2016, http://eleconomista.com.mx/sociedad/2012/09/27/mas-90-delitos-mexico-no-se-denuncian-inegi.

[8] “Corrupción judicial e impunidad: El caso de México,” Jurídicas UNAM, consultado el 7 de noviembre de 2016, https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2770/4.pdf.

[9] “Contrato para el trabajo doméstico del hogar,” CACEH, consultado el 9 de noviembre de 2016, http://www.caceh.org.mx/resources/CONVENIO-PARA-EL-TRABAJO-DEL%20HOGAR.pdf.

[10] Iliana Moreno. “Los derechos fundamentales de las trabajadoras del hogar y sus garantías en México,” https://www.scjn.gob.mx/transparencia/lists/becarios/attachments/150/becarios_150.pdf

[11] Iliana Moreno. “Los derechos fundamentales de las trabajadoras del hogar y sus garantías en México,” https://www.scjn.gob.mx/transparencia/lists/becarios/attachments/150/becarios_150.pdf

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