Adiós, Juez Crawford

El pasado 31 de mayo murió el Juez de la Corte Internacional de Justicia, gigante del derecho internacional, James Crawford.

De él se pueden contar miles de hazañas: el arquitecto de los Artículos sobre la responsabilidad del Estado por hechos internacionalmente ilícitos; uno de los mejores y más asiduos litigantes ante la Corte Internacional de Justicia; y autor de piezas maestras del derecho internacional, que iniciaron con The Creation of States in International Law, hasta su legado en vida, plasmado en Chance, Order, Change, su curso general ante la Academia de Derecho Internacional de la Haya. Correrán, sin duda, muchas palabras para elogiar la gran figura que significó para la construcción del orden jurídico internacional de los últimos cuarenta años.

De memoria privilegiada, aunque no era claro si recordaba todo porque él lo había litigado o decidido en un laudo o porque había sido mentor de alguien que lo había hecho. Era capaz de recitar casi cualquier libro y casi cualquier argumento que se le hubiere cruzado en el camino. Por eso, tal vez, es que fue tan asertivo en construir su propia teoría y escuela del derecho internacional. Litigante sagaz. No había hecho que se le escapara ni ángulo de un caso que dejara descubierto. Leer sus intervenciones ante la Corte Internacional de Justicia son una muestra de elegancia, humor e ironía incomparables. Todos los internacionalistas estudiamos, leímos o vimos alguna a vez a Crawford.

Rockstar en toda la extensión de la palabra. Un día estaba Bangkok para analizar la solicitud de interpretación del caso Preah Vihear, viajaría por la noche para dar su clase en Cambridge al día siguiente y volaría un día después a algún simposium en Estados Unidos. En ese inter, se había dado el tiempo de leer los proyectos de tesis que auditaba y la última decisión del Tribunal Internacional del Derecho del Mar; no sin antes haber visto ya el match-of-the-day, pues era un ferviente apasionado del futbol y del cricket.

Crawford era un tipo como muy pocos. Su posición en la academia y el mundo jurídico contrastaba abiertamente con la calidez y humildad para tratar con cualquiera que se le acercara. Muchos tuvimos el gran privilegio de que nos abriera los brazos. Yo no fui ni de cerca el más cercano, pero sí uno de tantos a quienes nos regaló oportunidades y claridad de pensamiento con esa extraordinaria generosidad que le caracterizaba. Muchos, como abogados y como personas, le debemos mucho. Las muestras de cariño que hoy brotan de todas partes del mundo son evidencia de quien fue James como persona, más allá del abogado.

El mundo perdió al más grande internacionalista de tiempos recientes. Australiano de nacimiento, heredero de la más rigurosa y brillante de las tradiciones británicas, Crawford revolucionó la manera de comprender el derecho internacional, expresarlo y aplicarlo. Es difícil pensar en alguien más influyente y determinante.

Su legado será perpetuo.

 

Luis M. Jardón Piña es profesor de Derecho Internacional Público en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) desde hace más de 10 años. También es counsel en Creel, García-Cuéllar, Aiza Y Enríquez S.C., donde se especializa en resolución de controversias, Derecho regulatorio y Derecho internacional de la protección a la inversión extranjera.

 


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