La Copa Mundial de Fútbol (Varonil) en Qatar y los derechos de los trabajadores migrantes

En unas fechas sin precedentes, en invierno en el hemisferio norte, se celebra la 22ª Copa del Mundo de Futbol por primera vez en un país de Medio Oriente y oficialmente islámico: Qatar.  El cambio de fechas se debe a las altas temperaturas en este país que se sitúa casi en su totalidad en el desierto, con poca agua, pero mucho gas natural.  El cambio de fechas es un guiño de la Federación International de Futbol (FIFA) a los jugadores, hinchas, árbitros y otros acudientes para que pudieran soportar temperaturas que, en los meses en que normalmente se disputa la copa, oscila entre 31 y 41 grados centígrados. Tal esmero no se extendió a los miles de trabajadores migrantes que han llegado a construir la infraestructura necesaria para el Mundial y también para proveer de servicios a los también miles de hinchas que visitaran el país del golfo arábico.  Desde que Qatar logró ser la sede del Mundial de 2022 en diciembre de 2010, muchos trabajadores se trasladaron desde el subcontinente indio y otros lugares de Asia como Filipinas y también desde el continente africano. Respecto a estos trabajadores la FIFA y el gobierno de Qatar, así como las distintas empresas que operan la construcción, logística y prestación de servicios durante la Copa, no han estado demasiado preocupadas por las condiciones de trabajo en dichas temperaturas y el elevado número de siniestralidad laboral y muertes.

 

Un caso ilustrativo y especialmente crudo es el de los trabajadores nepalís. Se calcula que desde 2010 han muerto más de 2,100 trabajadores provenientes de un estado con un PIB per cápita de 1,222.9 dólares frente a los 61,276 en Qatar.  Qatar cuenta con una población de 2,930,524 personas, de las cuales los migrantes representaban en 2015 el 75,5 por ciento.  Al igual que Emiratos Árabes Unidos, se puede decir que Qatar es una nación de trabajadores migrantes los cuales proveen servicios básicos a menos de un cuarto de la población que si es nacional.  Gran parte de estos migrantes se concentran en sectores como la construcción y la hospitalidad, mismos que han sido catapultados por la construcción de infraestructura para el mundial de 2022.

 

Existe una íntima relación entre la celebración del Mundial Varonil de Futbol y un incremento en el número de trabajadores migrantes en Qatar, así como el aumento en las denuncias no sólo de defunciones y accidentes, sino de violaciones a derechos laborales fundamentales.   Algunos sectores de la sociedad civil transnacional inclusive han hecho un llamado a boicotear la Copa Mundial.  En lugares tan diversos como porras de futbol en Alemania, bares en el mismo país, aficionados en el Reino Unido, otros bares en Bruselas y en Bélgica en general, por mencionar algunos, se ha acordado no ir al Mundial o trasmitir los partidos.  Si bien las estrategias de boicot y presión internacional, incluidos los embargos económicos han tenido diversa efectividad, como lo muestran las desplegadas contra el régimen del apartheid en Sudáfrica, o en contra de Israel por sus políticas frente a los territorios ocupados, lo cierto es que este mundial se encuentra marcado por un sinsabor que apunta de manera clara a la FIFA.

 

Las constantes críticas al otorgamiento de la sede de la Copa del Mundo a Qatar se han centrado en la FIFA, que de manera muy poco satisfactoria a tratado de esquivar dichas críticas de una manera que parece más una operación de mercadotecnia, más que una verdadera preocupación por las diferentes objeciones a la sede mundialista.  En un contexto plagado de escándalos que apuntan a diversos exdirectivos del organismo, la FIFA no dudó en cambiar fechas y horarios para que el mundial varonil se jugara en Qatar.    La respuesta a las acusaciones referentes al trato a personas LGTBI, a mujeres, a trabajadores migrantes y periodistas no mereció una priorización similar.  Fue sólo hasta el 2017, es decir 7 años después de que se anunciara a Qatar como sede del mundial, que la FIFA redactó una serie de principios que resume en su Política sobre derechos humanos.

 

Esta política de derechos humanos aparece tardíamente para la Copa del Mundo de 2022, ya que una buena parte de la infraestructura ya había sino construida y justo es en el proceso de adjudicación de la sede en donde dichas consideraciones pueden tener más relevancia.  No obstante, hay algunas luces en dicho documento, como el enfoque en la debida diligencia en materia de derechos humanos, lo cual hace responsable a la FIFA no sólo por las violaciones a derechos humanos cometidas en el lugar de la sede, sino de manera más amplia sobre toda la cadena de suministros.  Aunque de manera muy general, el documento de Política sobre derechos humanos, establece un marco regulador claro, que incluye no sólo el núcleo duro de los derechos incluidos de la llamada Carta Internacional de Derechos Humanos (que incluye a la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales); sino también la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y los Principios rectores de las Naciones Unidas sobre las empresas y los derechos humanos. Con este listado, la sociedad civil trasnacional tiene un marco de exigibilidad mucho más claro, con independencia del estatus de estos instrumentos en los países que pretendan o que obtengan el beneplácito para celebrar la Copa Mundial en un futuro.  En el documento, también se resumen los posibles riesgos en materia de derechos humanos agrupándolos en: derechos laborales, derechos de adquisición de terrenos y de alojamiento, discriminación, seguridad y derechos de los jugadores. Aunque es una política tardía, puede tener un efecto sobre las federaciones locales de futbol y también se muestra como un factor relevante en las próximas elecciones de sede.  De hecho, la FIFA ya implementó el documento en el concurso para ganar la sede del mundial de 2026 y calificó a las ciudades y estadios de Canadá, Estados Unidos y México que participaron como de riesgo medio.

 

La gran deuda que queda es la memoria de un mundial que se juega en una cancha llena de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, como lo muestra un informe reciente de Human Rights Watch (HRW).  Dicho informe incluye dentro de sus preocupaciones en los derechos laborales de trabajadores migrantes en especial con denuncias relativas a ínfimas condiciones laborales, falta de compensación por accidentes de trabajo, falta de derechos a la organización colectiva de los trabajadores y el uso de la deportación como forma de desalentar la organización sindical, así como la retención de salarios y el cobro de cuotas ilícitas para efectos de conseguir un trabajo en Qatar.  Especialmente sensible es la figura de la Kafala que establece un sistema de sumisión o tutela en términos migratorios del trabajador al patrón y con ello una fuerte limitación al acceso de derechos laborales fundamentales.  Otras violaciones a derechos humanos mencionadas en el Informe se refieren a serias restricciones en el ámbito del matrimonio, derecho la educación y libre circulación de las mujeres, así como la criminalización de actos sexuales consentidos entre adultos fuera del matrimonio y los realizados entre personas del mismo sexo, violencia y discriminación en contra de personas LGTBI y restricciones a la libertad de expresión.

 

HRW no ha sido la única organización que ha denunciado la potencialización de violaciones a derechos humanos por la celebración del Mundial este año, Amnistía Internacional lo ha denominado como: “La Copa Mundial de la vergüenza”.  Otras organizaciones se han concentrado la complicidad de diversas empresas locales y transnacionales sobre todo respecto a las condiciones laborales de los migrantes, como lo muestra el trabajo del Centro del Centro de Información sobre empresas y Derechos Humanos, que inclusive ha abierto un micrositio web al respecto.

 

Si bien, el boicot al mundial ha permitido un amplio debate entre los aficionados y la sociedad civil en general, se debe de añadir algunas dimensiones que parecen estar desdibujadas.  Una de ellas es el hecho del peso específico que tiene la copa varonil de futbol, frente a su equivalente femenil.  Los recientes escándalos de abuso sexual en el futbol femenil, también nos hacen reflexionar sobre el largo camino para la igualdad en el deporte.   Una oportunidad para aprender de las lecciones de un mundial tan cuestionado se presenta en la participación de Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México en el mundial de 2026.  Esta será la prueba de fuego para saber si la FIFA está comprometida con sus propias políticas o si son sólo una estrategia reactiva ante una institución tan desprestigiada.

 

Miguel Rábago Dorbecker

Profesor Investigador Titular-División de Estudios Jurídicos del CIDE

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